Cesar González: «Primero imagen, luego existo.»

César González —cineasta, escritor, poeta y ensayista— nació en la villa Carlos Gardel, en el conurbano bonaerense, en un contexto de alta vulnerabilidad social.

En su adolescencia estuvo involucrado en actos delictivos y en el consumo de drogas, lo que lo llevó a pasar varios años detenido —entre los 16 y los 21 años—. Durante ese tiempo en prisión, tuvo contacto con talleres de arte y lectura que lo impulsaron a explorar la escritura, la filosofía y el cine.

Hoy, González representa una de las voces más singulares de la cultura argentina contemporánea: alguien que, desde un origen marginado, logró construir una obra artística e intelectual que interpela tanto a los circuitos culturales como a los sociales.

En esta entrevista con Caja Negra, reflexiona sobre cómo cambió su mirada a lo largo de sus experiencias y sobre el proceso de pensarse a sí mismo desde la distancia.

JL: Al repasar y encontrarte con un montón de data que ya tenías, pero pensándola con la cabeza de ahora. Reinterpretando y reubicando. Con este César de hoy mirando a ese pasado, de lo que te encontraste ¿Qué fue lo que mas te sorprendió?

CG: Hay muchas cuestiones de cómo relato mi vida. Vas a ver que hay diferencias de cómo la relataba hace diez años. Por ejemplo, haber encontrado el texto “elogio del crimen” de Marx en mi vida, a partir de una película de Jean-Luc Godard, me trastocó todo lo que yo pensaba. Yo era uno de los que se repetía y se contaba a sí mismo su propia historia como una consecuencia de la sociedad. Marx dice todo lo contrario, no es una consecuencia, es algo que crea la sociedad; es una causa. O también como yo presentaba siempre la historia de la psicóloga a la que le llevaba un poema y lo rechazaba. Con la distancia lo veo completamente distinto. Me re sirvió en ese momento, como una jugada de marketing espectacular, y que todos digan: pobrecito le rechazaron el poema, qué mala esa psicóloga.

Tras años y años de ir a dar charlas a las universidades, vienen los psicólogos y las psicólogas a decirme: yo no soy como esa psicóloga, yo trabajo en la cárcel y regalo tus libros. Las vueltas de la vida.

La distancia te da la posibilidad de pensarlo desde otros ángulos. Y digo: bueno, a ver, si yo fuera psicólogo y viene un pibe que está preso, por secuestro extorsivo, con seis balazos encima, se tiroteó con la policía, tiene un gauchito gil tatuado en el pecho, y está en el pabellón con los más cachivaches. —Porque ese era yo en cana, no por pegarme ningún cartel, sino porque por la causa en la que estaba me tiraban con los leones, no me tiraban con las cebras—. Si yo soy psicólogo, y viene uno así, con un poema,  tampoco le voy a creer inmediatamente. Voy a decir: este me está chamuyando para irse más rápido. Qué fue lo que me respondió la psicóloga. Es decir, un acto completamente racional.

Durante años me puse en el lugar de víctima de las ciencias sociales. Con la lectura y la experiencia, cambié muchas cosas. No me volví facho, por suerte. No caí en esa. Al revés, estoy leyendo más marxismo que nunca. 

JL: Uno se puede vestir como quiera, pero una vez te escuché contar por qué te ponías camisa y saco. Me pareció muy interesante el por qué lo haces, o por qué decías que lo hacías. No sé si eso cambió también. 

CG: Primero porque estaba podrido que me pare la policía en la calle. Simple. Cuando me vestía deportivo y de gorrita. Aunque le diga, —encima peor, me vestía así y le decía: soy escritor—.  Porque quizás ahí todavía no había hecho tanto cine.

Me he comido un par de bifes por eso, porque creían que les estaba haciendo burla. «¿Escritor de que? ¿de los palitos en una celda? ¿De letras de cumbia?».

Como es una sociedad en la que somos primero imagen, luego existimos. No es primero pienso, luego existo. Primero imagen, luego existo.

Empecé a probar un trabajo de campo. Empecé a experimentar. Para ver, ¿Qué pasa si salgo a la calle así? 

En el mismo lugar donde me paraban siempre, no me pararon. Por un saco, por dejarme crecer un poquito más el pelo y no cortarlo. Porque viste que los poli y los pibes llevan el mismo corte. Ahora cómo florecieron las barberías hay un poquito más de modulaciones. 

Pero la verdad es eso. Y pareciera que, un saco te da un título en esta sociedad. Y como no tengo título, porque hice tres materias de CBC y no me daba la cabeza para trabajar y estudiar a la vez —que es una cuenta pendiente, que quizás en esta vida o en alguna otra vida quisiera poder cumplir—. La verdad que es uno de mis sueños hacer la carrera de filosofía. Quizás en algún momento, tengo 34 recién. 

JL: ¿Por qué es un sueño?

CG: Porque amo la filosofía. Por más que yo lea por mi cuenta y todo, me encantaría poder hacer la carrera, tener ese título y ser el primero en todas las generaciones de mi familia con título universitario. Ser esa famosa primera generación. Que la fui porque pude acceder, llegué hasta el CBC. Pero bueno, no me dio el cuero para hacer la carrera. 

JL: Pero escribiste libros e hiciste películas.

CG: Sí, hice una carrera de otra manera, una formación autodidacta, pero esforzándome muchísimo y leyendo siempre, ¿no? Siempre trato de transmitir eso a los pibes. No porque leer sea un bien en sí mismo. Hay gente que vota Milei y habla en cinco idiomas, lee en latín y estudia en una universidad privada. Así que, conocer la historia es muy importante para entender el presente, en lo que vivimos, y poder transformar el futuro. 

JL: Te puedo preguntar ¿por qué es tan importante? Porque cuando vos hablás algo así, algunos dicen: !Eh no romanticismo el estudio como si fuera la única salida! Pero depende de dónde estás parado también eso.

CG: Sí. ¿Hay alguien que diga eso?


JL: Hay gente que lo dice.

CG: Pobres. O sea, son muchos factores. La escuela clásica, en su modelo clásico está en discusión, está en decadencia. Las instituciones no son cosas sin vidas, son cosas vivas. Entonces van teniendo sus cambios. Yo pienso así. Vuelvo a decir a la inversa; conozco gente que no leyó nunca en su vida y tiene más conocimientos sobre la vida que esa persona que tuvo un montón de estudios.

JL: Si, pero ¿en términos de oportunidad, de las ventanas que te agrega? 

CG: Es medio perverso, porque hoy le piden a un pibe que para limpiar pisos tenga la secundaria completa. Eso me parece absurdo. ¿Entendés? ¿Para qué te va a servir? Si tiene que saber limpiar nomás.

Yo creo que, para los que nacemos en ciertas condiciones materiales, la lectura y el estudio de algunos temas en específico, sobre todo de historia —después depende qué, de qué libro, qué autor, quién cuenta la historia—  Hay que aprovechar, más que nunca. Viendo que no es para siempre la universidad pública con todas sus deficiencias, tener una universidad pública y gratuita…

Yo en el 2010 si sabía que iba a aparecer una figura como Milei, habiendo mucha gente en este país que desea una educación del tipo Chilena o como en Estados Unidos, me hubiese aferrado más a la carrera. Sabiendo que, aunque tenía que trabajar y me costaba mucho, lo tenia gratis. Hay que pagar los apuntes y eso, pero no hay que pagar por estudiar.

Obvio que te abren muchísimas más oportunidades laborales. Eso sin duda. Yo lo digo en un sentido para la subjetividad, para la vida de uno. 

JL: Sí vamos a la caja negra de tu vida ¿Cuál es el momento que te convierte en César González?  

CG: A ver, son varios. Obviamente que fue mi etapa carcelaria.

El otro día le contaba a mi hija la historia del apóstol Pablo, que es muy interesante. Era uno de los que más perseguía a los cristianos y termina siendo uno de los grandes filósofos del cristianismo. Y se le aparece Jesús y le dice: «Pablo, ¿por qué me persigues?»  —Saulo, todavía no era Pablo—. «Saulo, ¿por qué me persigues?» Pablo es el nombre cristiano. 

Yo también quisiera creer que hay un momento de iluminación que estaba en la celda y me iluminé. No lo hubo en una temporalidad ni en una duración de minutos, pero fue en la experiencia. Fue a partir de pensar en que no haya distancia. Que el pensamiento y la experiencia sean lo más transparentes posibles.

Es decir, estaba preso y estaba preso con pibes que venían de una villa y que habían tenido una vida muy similar a la mía. Pasaba a otro instituto o a otro penal, lo mismo. Rodeado de espejos por todos lados.

Nos matábamos a puñaladas entre nosotros por una zapatilla. Los guardiacárceles se parecían a mi tío, a mi papá, a mi hermano.

Desde la intuición, empecé a decir: me parece que no es que terminé acá por algo simplemente individual de que yo me creía el súper chorro. Creo que hay algo más.

Los libros me sirvieron para empezar a ponerle nombre a todo eso que fue intuitivo y desde la experiencia. Pero fue primero el terror que me causó la cárcel. El miedo. El estar todo el tiempo perseguido. A parte, yo entré en muletas a la cárcel. Con toda una pierna llena de clavos y peleaba igual. Con muletas y todo, peleaba.

Y dije bueno: primero no quiero más esto, no lo quiero. Pensaba eso y me faltaban 5 años para irme todavía. Pero fue ahí, en la cárcel. 

¡Mira la entrevista completa!


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